Mi alma en versos

La que hoy les escribe

Es menester contar mis relatos
a manera de romance viejo,
perdonarán mi poco talento,
no soy poeta como los de antaño.

Soy mujer de frases sencillas,
no muy bien en letras instruida,
escribo bajo el mando soberano
de mi corazón con ínfulas de literato.

No soy de Granada, ni de Castilla,
de Córdoba o de Sevilla,
la verdad no mucho ha de importarles
en que patria me parió mi santa madre.

Son mis historias las que quieren conocer,
ni siquiera mi nombre y mi apellido,
son mis razones de estar y de ser,
mis desgracias, errores y amoríos.

Entren pues por el postigo
pero a nadie revelen el secreto,
dejen entonces que aquellos
se atrevan a hablar conmigo.

Soy puerta franca, libro abierto,
me encontrarán en el río o en la pradera,
soy menuda, de piel pálida, voz lastimera
y de rocío llevo el pelo cubierto.

En mis ojos llevo el café de mi tierra,
nación bella como no hay otra,
cuánto hubiese dado García Lorca
por nacer en este pueblo de acordeones y pilanderas.

Pero vuelvo entonces a mi retórica,
porque contarles mi vida quiero,
hablo por las voces silenciosas
de los amantes, locos y bohemios.

Perdonen porque una estrofa no me alcanza,
que yo mucho he vivido,
son muchas las pasiones de mi alma,
y son tantos los momentos florecidos…

Por eso tomo el pasado en mis manos,
todos los recuerdos, todos los posibles,
para que descubran la esencia del ser humano
a través de la que hoy les escribe.

Angélica María Galván Arévalo.