Agradecimientos

En Mi Galería de Poemas, he reservado un lugar, donde rindo homenaje a las personas que por su cercanía y fidelidad a este hermoso proyecto merecen mi gratitud infinita y mi eterno cariño.

A Henry Ricardo Reyes Castillo, poeta de las lágrimas, tu maravilloso ser, tu espléndida forma de expresarte a través de un estilo puro de poesía ha sido mi inspiración, mi motivación y mi constante voz de ánimo. Tal vez no baste un sencillo “gracias” para recompensarte tu apoyo incondicional hacia mí, es por esto que además de un agradecimiento paso a dedicarte todo y cuánto escriben mis manos. Señor poeta, gracias por creer en mí, sepa usted que se ha ganado de sobra un espacio en este lugar y en mi vida misma.

A mi familia, José Ismael Galván y Mireya Arévalo (padres), José Ismael, Jackeline, Fabiola, Olver, Sain y Marina (hermanos), Johan David, Santiago, José Ignacio y Miguel Ángel (sobrinos). Gracias a todos y cada uno de ustedes por compartir mis triunfos y fracasos, gracias por inclinar la balanza siempre a favor de mis alegrías, gracias por tolerar mis defectos, por admirar mis cualidades, por sus cuidados, sus mimos, gracias por su gran respeto hacia mi persona y su cariño que ha sido como tierra y abono para mi vida. Los amo inmensamente.

A mis amigas, Torcoroma Sánchez Hernández, Arelis Ortíz Prado, Jimena Ortíz Becerra, Kassandra López. Gracias por ver en mi a una persona especial, merecedora de su amistad, gracias por tomar la decisión propia de compartir conmigo grandes etapas de la vida, gracias por mantener intacto el lazo que nos une, por su cariño, comprensión, respeto y admiración. Tengan ustedes por cierto que las llevo en mi corazón.

A Oscar Felizzola Cruz, agradezco con toda el alma la posibilidad que me brindaste de publicar mis poemas y promocionar mi página en tu revista, de exhibirlos como en vitrina, sinceramente, muchas gracias, por ser ese primer enlace entre mis lectores y esta servidora.

A todos ustedes un aguacero torrencial de agradecimientos, por el tiempo vivido, por las largas conversaciones, por las incontables palabras de afecto que me han obsequiado, por el valioso hecho de escucharme y entenderme, por las innumerables ocasiones en que me han dibujado una sonrisa en medio de las lágrimas, por sus brazos siempre abiertos a un abrazo sincero. Gracias simplemente por estar conmigo.

Angélica María Galván Arévalo