Poemas de desamor: Primicias de estar sin ti

Posted By on mayo 15, 2012

 

 

Estoy acostumbrándome a no verte,
a no escucharte,
a no hablarte,
a sentir solo la frialdad de tu recuerdo,
tan fría como era tu presencia misma, alejada y quieta…
casi insoportable,
como si nada te importara,
como si sólo tu existieras,
como si yo fuera menos que una sombra en una casa abandonada,
menos que tú,
menos que tu recuerdo…

Estoy acostumbrándome a llorar sin motivos,
a no autocompadecerme ,
a otro tipo de soledad
distinta a la que vivía estando a tu lado.
A estar en silencio, llena de paz,
no como antes… tragándome las palabras que no atrevía a decirte
acosada por tu mirada
capaz de matar cualquier esbozo de sonrisa en mi rostro
y de hacerme sacrificar el amor propio por un amor que decías darme y nunca recibí;
un amor que se quedó enredado en la conformidad, en la estabilidad,
en la seguridad de tenerlo todo sin ser dueña de nada,
ni de mi voluntad.

Estoy acostumbrándome a la realidad,
tumbando muros,
abriendo puertas,
traspasando líneas imaginarias
que tu egoísmo y mi papel de mujer sumisa habían trazado,
dando pasos fuera de ese espacio, de esas ideas,
de ese capricho de ser tu señora, la mujer ideal.
Aprendiendo que querer ser perfecto es el peor defecto,
que equivocarse no es perder,
que perder no es rendirse
y que de vez en cuando es necesario rendirse y abandonar un proyecto
para enderezar el camino y cambiar de rumbo, de metas, de ilusiones.

Estoy acostumbrándome a verme al espejo
y distinguir que la mujer que querías que fuera es muy distinta a la que soy,
que tengo ideas propias,
que tengo derecho a decidir sobre mi vida
aunque hayas mermado mi confianza,
aunque yo lo haya permitido,
porque no soy una víctima,
el no haber hecho nada me hace tan culpable como tú.
Buscaba la felicidad a ojos cerrados
porque ni siquiera la conocía;
creía encontrarla en una casa llena
de grandes cuadros, muebles nuevos, pisos lujosos,
una colección de libros y un perro,
una casa que no valía nada, porque nunca fue un hogar.
Creía que la felicidad se encontraba en ti,
por eso te seguía sin cuestionar nada.

Estoy acostumbrándome a mí,
a veces pienso que es más difícil
de lo que fue acostumbrarme a ti,
a veces no sé quien soy,
no sé que quiero,
no sé que me gusta,
no sé siquiera qué ropa usar,
porque todo lo hacía pensando en ti, en complacerte,
lo único que sé
es que este miedo e incertidumbre
al construir mi propio destino me hace sentir viva
y sé que lo que logre de ahora en adelante
será resultado de mi esfuerzo y mis capacidades.

Estoy acostumbrándome a ser yo
y haciéndolo descubro
que nunca te necesité para ser feliz.

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