Prisionera

Posted By on abril 1, 2010

Alma mía a liberarte no me atrevo,
desde la angustia que me causaste por primera vez,
cuando huiste tras unos ojos azabache
y un par de cejas que los enmarcaban de altivez.

Casi te pierdo ¡qué angustia la mía!
embelesada estabas por esos dos luceros.
Alma ¡pobre alma mía!
Naufragaste en el Aqueronte ¡río de los infiernos!

Necia eres más que una mula,
sordos tus oídos estaban a mis clamores,
no querías devolverme el corazón mío
y eso que te suplicaba… ¡no lo destroces!

Reprimendas y castigos recibiste,
más no de mi justicia que no sabe de rencores,
te lastimó el dueño que elegiste,
te martirizó la mano que colmaste de amores.

Casi te me mueres de frío,
casi me muero yo sin ti,
casi pierdo lo único que tengo por mío,
por el amor a unos ojos casi te perdí.

A liberarte no me atrevo alma mía,
tus pasos hacia la muerte son ligeros,
cuál gacela que busca pasto fresco,
te me escapas, te me pierdes ¡cuánta rebeldía!

Te sentencio a eterna prisión
y te conjuro como el Rey David conjuró a sus doncellas:
“No despertéis ni hagáis velar al amor
hasta que quiera”

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